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Hay un lugar en Buenos Aires donde la naturaleza literalmente le ganó al cemento, hasta convertirse en el pulmón verde más grande de la ciudad. Por supuesto que estoy hablando de la Reserva Ecológica Costanera Sur. Conocer su historia es tan fascinante como visitarla.

 

 

Es viernes y, como todos los meses, el Vivero de la Reserva organizó una visita guiada para mostrar su trabajo y recorrer el bosque reconociendo la flora silvestre.

Es verdad que llegar hasta allá un día de semana no es fácil. Tráfico, bocinas, oficinistas apurados, ruido. Pero una vez que ingresamos, los edificios de Puerto Madero comienzan a desdibujarse y el caos queda atrás. El contraste se siente: en la temperatura que baja, en el olor a tierra, en el silencio sólo interrumpido por el canto de los pájaros o el murmullo del río.

 

La visita comienza y lo primero que nos cuentan es sobre la historia de la Reserva. Cuando escuché que hace algunas décadas todo esto no existía, no lo podía creer. Ni los senderos, ni las lagunas, ni los árboles… En efecto, entre 1918 y 1950 en la Costanera Sur funcionaba el Balneario Municipal, donde la gente iba a pasear, tomar una cerveza en «la Munich» y meterse al río. Con el paso del tiempo, la contaminación de las aguas hizo que el balneario se cerrara y el lugar quedara abandonado.

Aquellas épocas cuando los porteños se bañaban en el río. Foto de archivo: www.buenosaires.gob.ar

En 1978 se comenzaron a construir las autopistas 25 de mayo y Perito Moreno. Su trazado implicó que se derribaran cuadras y cuadras de casas y edificios, cuyos escombros fueron a parar al Río de la Plata. Al mismo tiempo, el gobierno militar quiso construir allí el centro administrativo de la ciudad, pero el proyecto no prosperó y la costa se transformó en un basural de desechos sepultados.

Fue en ese momento en el que la naturaleza demostró todas sus fuerzas: entre aguas contaminadas y restos de cemento, la vegetación silvestre fue avanzando hasta cubrir todo el relleno. Las plantas trajeron a las aves, las flores a las mariposas, llegaron camalotes, reptiles, mamíferos… y así nació un nuevo ecosistema.

 

 

Advertidos de esta situación, distintas organizaciones ambientalistas como las fundaciones Vida Silvestre, Aves Argentinas y Amigos de la Tierra, impulsaron el cuidado de la zona y le propusieron a la Municipalidad de Buenos Aires la creación de la Reserva Ecológica, lo que se concretó oficialmente el 5 de junio de 1986.

Gracias al trabajo conjunto llevado a cabo desde entonces, hoy podemos disfrutar del mayor espacio natural de la ciudad, con una superficie de 350 hectáreas y una enorme diversidad de flora y fauna.

 

 

A lo largo de la Reserva podemos encontrar numerosos ceibos, cuya flor fue elegida como símbolo nacional por estar presente en varias provincias del país.

Un dato que me llamó la atención es que más de 300 especies de aves habitan en la Reserva, lo que la vuelve el lugar favorito para los que se dedican al avistaje de aves, atrayendo a personas de muchos países. Cualquiera puede participar e inscribirse en las expediciones gratuitas que se organizan el segundo viernes de cada mes, o en las actividades que continuamente lleva a cabo el Club de Observadores de Aves de la Reserva Ecológica Costanera Sur (CoaRECS)

 

 

Hoy la misión del Vivero es conservar y reproducir la flora nativa, es decir, aquella que es original de la ribera rioplatense y que con la urbanización de la ciudad se fue perdiendo. La tarea no es simple. Los pájaros y el viento traen semillas de especies exóticas que se propagan fácilmente convirtiéndose en invasoras y dejando poco lugar para las autóctonas. El trabajo consiste entonces en ir removiéndolas de a poco y sustituirlas por ejemplares nativos. Gracias a este esfuerzo sostenido reaparecieron especies de aves e insectos que sólo se alimentan de esos frutos o polinizan en esas flores específicas.

Escalones de madera conducen a un terreno escondido donde se plantan los nuevos ejemplares. El acceso es restringido y el público sólo puede ingresar durante las visitas guiadas.

 

Fernando Pisera, uno de los responsables del vivero, en plena tarea. Muchos de los árboles que allí se cultivan  también se destinan a los parques y calles de la ciudad.

 

La Reserva sobrevivió a descuidos, incendios -la mayoría intencionales- e intereses inmobiliarios, y hoy constituye el mayor patrimonio natural de la ciudad.

Ya sea para caminar por sus senderos, andar en bici o hacer un picnic frente al río, es el lugar ideal para desconectar de lo cotidiano y disfrutar de un paisaje agreste en plena Capital. No dejen de visitarla!

Dejar atrás la ciudad para internarse en la naturaleza

 

Tardes de domingo frente al río

Una excelente opción es recorrer los senderos en bici (se las puede alquilar en la entrada)

 

La Reserva Ecológica está ubicada en Av. Tristan Achaval Rodríguez 1550. Tiene dos accesos: Viamonte y Brasil

 

La entrada es gratuita. Está abierta de martes a domingo de 8 a 18 hs de abril a octubre y 8 a 19 hs de noviembre a marzo. Cierra por lluvia o vientos fuertes.

Se realizan distintas visitas guiadas:

– Público general: Sábados, domingos y feriados. En verano 9:30 y 16 hs, en invierno 10:30 y 15:30 hs

– Avistaje de aves: segundo viernes de cada mes a las 9 hs

– Vivero de plantas nativas: último viernes de cada mes, de 10 a 12 hs.

– Visita nocturna bajo la luna: viernes próximos a la luna llena (consultar horarios)

Para inscribirse deben escribir a visitasguiadas_recs@buenosaires.gob.ar

Pueden ver más info en su sitio web o en su página de facebook